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Hacia el equilibrio en la franquicia.
Por: Bruno Masoliver

En muchas ocasiones me han mencionado una supuesta posición de inferioridad del franquiciado respecto al franquiciador, tan es así que lo he visto en algunos libros o folletos y en varias páginas Web que recogen los elementos básicos de esta tipología de negocio y mencionan ese postulado.

Recientemente se ha dictado una sentencia en un Juzgado de Primera Instancia de Madrid que demuestra que hoy en día, esa idea no es del todo cierta.

Un franquiciador solicita la condena de un franquiciado al pago de más de 150.000 euros de indemnización por resolución unilateral y anticipada del contrato, aduciendo que el franquiciado había incurrido en numerosos incumplimientos además del hecho de haber cerrado el local a los dos años de la apertura y reabrirlo a los pocos días con otro nombre e idéntica tipología de negocio. La sentencia concluye que no proceden las pretensiones del franquiciador, porque él es quien ha incumplido con sus obligaciones, puesto que existían desviaciones no previstas en el plan de negocio; el resultado de esta contienda ha sido la condena del franquiciado al pago de unos 8.000 euros, simbólicos en comparación con el perjuicio causado.

Habituales
No es que el hecho en si sea llamativo, estos casos son muy habituales en el sector de las franquicias, sino que su interés responde más bien a una confluencia de dos circunstancias que podríamos sintetizar en

a) el positivo resultado de la especialización de los Juzgados y Tribunales de Justicia en materia mercantil que con sentencias como esta comienzan a ejercitar su papel de filtros naturales en el sector lo que fomentará que los franquiciadores sean más precisos en cuanto a sus ofertas y
b) la aparición de indicios que muestran una suave tendencia de saturación del mercado, fruto sin duda de los abusos a los que se ha visto sometido esta tipología de negocio.

Durante los últimos años hemos percibido un crecimiento desenfrenado del número de enseñas que sin titubeos han aparecido en el mercado prometiendo vaguedades, inexactitudes y en algunos casos cifras exorbitantes de ingresos sin nada que lo respalde, lo cual, mezclado con el deseo de los franquiciados cegados por convertirse en prósperos dueños de sus negocios, ha desembocado en una situación de hastío en el sector.

Autorregulación
Actualmente numerosas voces estánreclamando una mayor autorregulación en la franquicia, tanto por parte de los franquiciadores como por los franquiciados, porque si no, será el legislador quien lo haga de forma imperativa, algo sin duda negativo para el sector y no nos engañemos, ni todos los franquiciadores cumplen con sus obligaciones, ni todos los franquiciados gestionan sus negocios con la profesionalidad debida, siendo abundantes los casos de los que cierran el local con un nombre, abriendo al poco tiempo el mismo concepto de negocio, con un nombre comercial diferente lo cual es cuando menos, abusivo.

La lección que nos muestra el supuesto indicado no deja de ser un aviso para navegantes, es cierto que el franquiciador posee una posición preeminente a la hora de firmar un contrato, pero no deja de ser cierto el hecho de que quien suscribe ese contrato como franquiciado tiene la obligación de verificar todos y cada uno de los extremos que le promete el franquiciador y una vez que lo ha contrastado y firmado, no es admisible que se tome la justicia por su mano empleando en su propio beneficio el saber hacer que el franquiciador le ha enseñado.

Bruno Masoliver y Macaya
Socio y abogado de la firma S.J. Mariscal&Asociados

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